Soy Pablo, soy bombero y llevo casi 5 años destinado en el parque de bomberos de Tenerife, donde no se sí lo recordáis el pasado verano tuvimos la desgracia de sufrir un importante incendio que duró varios días y que provoco que gran parte de nuestra superficie forestal se viera acosada por las llamas.
He de deciros que trabajar en un incendio es muy duro, además hay que tener en cuenta que al ser al aire libre influyen varios factores que hacen que sea más peligroso y que se pueda extender con mayor rapidez provocando muchos destrozos en poco tiempo.
Del factor que os hablo es el viento, imaginaos los peligros que puede traer para nosotros, los bomberos, que cambie la dirección del viento o que éste comience a soplar con fuerza.
Bueno. Del fuego del verano pasado he de contaros que duró varios días y que fue un trabajo muy duro el que tuvimos que hacer para conseguir controlar los focos que además el calor ayudaba a crecer.
Mi equipo y yo estuvimos trabajando intensamente cerca de las llamas y con ayuda de otras dotaciones y de los retenes que durante el verano nos ayudan en los bosques.
Esos días fueron de largas horas frente el fuego ya que no sólo hay que apagar las llamas hay que conseguir que estas no vuelvan a crecer.
Además el trabajo no se acaba cuando las llamas se apagan, sino que empieza el más duro todavía, es decir, imaginaos una gran superficie de terreno quemado en la que todo está por hacer, hay que limpiar los rastrojos quemados hacer una evaluación de daños y como no conseguir que la tierra vuelva a ser fértil para hacer sin duda el paso más difícil la repoblación, costará muchos años que el bosque vuelva a ser como era, por eso he de pediros precaución, sobre todo en los meses más calurosos.